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Salmo 22

“El señor es mi pastor nada me puede faltar”.

Hace no mucho asistí a un funeral. Demasiada tristeza. Cada vez soporto menos los funerales. En realidad creo que nunca los he soportado. Está bien acompañar a seres a los que aprecias y quieres en estos en estos momentos de duelo y de tanto dolor. Si por lo menos sirviera para aliviar el peso de tanta carga… Es en este punto donde comienza el verdadero calvario para los que sienten cercana la pérdida. Un calvario que no acaba nunca. Nunca acabas de extrañar. Nunca te recuperas del todo. Todo cambia a partir de ese momento. Pierdes todo rastro de inocencia si aún te quedaba algo. Ya nada vuelve a ser igual. Parte de ti muere para siempre por dentro.

Y yo me pregunto ¿como se puede empezar un funeral cantando “El señor es mi pastor nada me puede faltar”cuando realmente ya te falta, ya has perdido parte de ti, parte de todo?.

¿Y qué pasa con el sufrimiento?

El sufrimiento del enfermo, el calvario hasta llegar a la muerte, el sufrimiento de los que quedamos esperando nuestra agonía … ¿Donde está “El Señor” en todos estos momentos?

Yo ya no se que pensar. Quizá realmente no haya nada que pensar. Quizá realmente no haya nada.